domingo, marzo 05, 2006

LOLA, AMOR EN LUNA LLENA


Menuda desgracia… Por casualidad, ¿habéis visto los dientes de mi Pepe? Se ha levantado sin ellos. Pobrecillo, ha avanzado veinte años o, retrocedido cincuenta, según se mire.
He buscado en el suelo, en las sábanas, en los restos de la tortilla que cenó anoche, no están.
Quién me iba a decir que se iba a convertir en Drácula desdentado y yo en su víctima porque, no os engañéis, los dientes están “missing”, pero como sirvo para todo, me ha lanzado ya el primer bocado mellado.
-Lola, esto me pasa por darme bocadillos todos los días en vez de guisar – estoy convencida: se los ha comido, pero, ¿quién es el guapo que se lo dice?
Esto me ha traído a la memoria una escena familiar en la que mi abuelo, de la risa, salió despedida su dentadura y fue a parar a mi vaso de leche; como yo no miro –como veis, ya desde pequeñita prometía-, me bebí el vaso de leche; casi me muero por atragantamiento. En esta ocasión, juro, “por mis muertos más frescos”, que no me he comido los dientes de mi Pepe, por mucho que le quiera.
Para colmo, cuando yo pensaba que conocía todo de mi santo y resignado esposo, me entero que tenía un secreto muy guardado.
-Pepe, no pasa nada; mañana a primera hora vas al dentista. Hoy masticas con las muelas.
-Lola, no tengo.
-¿Tampooooco tienes?, pero, hijo, ¿qué tienes ahora mismo dentro de la boca, además de la lengua?
-Nada, Lola, nada –de esta manera tan desdentada, me he informado que mi Pepe nunca me había contado lo de sus molares… y yo contándole todo. Bueno, casi todo. Si le dijera todo, se había divorciado de mí hace mucho. Ya me lo dijo mi amiga Mari Pili, en su día.
-Lola, si no quieres que seamos unas alegres divorciadas, cerremos la boca. Son listos y nos verán el plumero a la primera de cambio – así que, desde la sentencia, tan sabia, de Mari Pili, le cuento la historia de cada día en formato sintético… él ya añade el resto.

Se ha ido al trabajo muy deprimido. Los chicos, Peluche y Anticristo, están muy contentos, no porque se haya ido sino porque, como está acomplejado, pues no habla.
Mientras tanto, yo he seguido pensando: si se los ha comido, los tendrá que expulsar, ¿no? Le he llamado a la funeraria.
-Pepe, ¿has ido al baño? –me ha contestado muy raro.
-¿A qué viene esa pregunta, Lola? –no le podía decir que, además de meter mano en su vida, estaba dispuesta a introducirla en sus materias residuales, emulando al inspector Clouseau, ¿no?
-Tranquilo, Pepe. Si te entran ganas, vienes corriendo a casa y te pongo el orinal.
-Lola, no me seas peripatética, que te veo venir… -se estaba calentando, lo intuía.
-Vamos a ver, Pepe, ¿quieres recuperar tus dientes o no? Tengo a Peluche y Anticristo buscando y no han encontrado nada. Por lo tanto, Pepe, no te engañes: están en tus tripas.

Me ha colgado el teléfono.
¡Allá él! Se pierde mi magnífica solución: una vez encontrados, se los hubiera desinfectado y pegado con “Súper Glu”… se hubiera ahorrado el mal trago de ir al dentista, ¿a qué sí?... Espero que no vaya hoy porque es noche de luna llena y está muy enfadado conmigo. Dice que no gasto materia gris. Claro que no gasto porque si lo hago, cuando se me termine, a ver quién va a pensar, en esta familia, ideas prácticas y baratas, ¿no?... Puajj, qué asco de vida.
MªÁngeles

1 comentario:

Cati Cobas dijo...

Está genial, Lola. Graciosísimo. Y tan posible como la vida misma. Le daré el link a tu blog a mis amigas...Cati (Tu admiradora "number one")