martes, octubre 31, 2006

LOLA Y LA FAMA


-¿Luigi?... Soy Lola… Perdona por la hora.
-Buenas noches, querida. ¿Has mirado el reloj?
-Sí… No… ¿Para qué? Está oscuro así que será tarde, Luigi.
-Es medianoche, Lola, y estaba soñando… Me has roto la magia.
-Anda y tú, majo, me la has roto a mí; por eso te llamo, leñe.
-¿Qué te he hecho, mi rubia favorita, si hace meses que no te veo?
-Luigi, soñaba que era famosa, pero llegabas tú y decías que eran visiones y que yo sólo era una travestí.
-¿Una travestí, tú, Lola?... Imposible que yo te dijera eso, mi querida niña… ¿Cómo era tu sueño?
-Precioso, Luigi. Llegaba yo misma mismamente a la tintorería y en vez de recoger los trajes de mi Pepe, recogía la fama… Qué sensación más impresionante, Luigi; salí mullida, esponjada, flotante… Y tú sueño, ¿cómo era, Luigi?
-Flotaba en un océano de bulbos y helechos negros.
-Ah… Un poco aburrido, ¿no?... Y oscuro.
-¿Nos podemos ya volver a seguir soñando, Lola?
-Pues no, Luigi. Quiero que me aclares dos cositas y luego te vas a poner manos y ojos a los bulbos.
-¿Qué quieres que te aclare antes de que me despiertes, también, la migraña?
-¿Por qué no puedo ser famosa? La de la tintorería, Marisa, pensaba que yo era escritora… Fíjate qué cosas; por supuesto, le dije que sí.
-Que sí, ¿qué, Lola?
-Pues que era escritora. Me preguntó, además, que si tenía toda mi obra publicada y, claro, le dije que yo publico todo. Para que se lo coman los gusanos, que lo disfruten lo humanos…
-Vamos a ver, Lola, ¿me puedes decir qué has publicado tú?
-Anda, éste, con lo que me sale… ¿no te enseño todo lo que escribo? ¿Eso no es publicar? Y encima gratis, majo.
-Lola te hiciste pasar por otra… Eso está mal.
-Ah, claro, y por eso me llamaste travestí, ¿no?
-Querida, ¿sabes lo que significa travestí?
-No empecemos, Luigi, que me lías y no tengo el diccionario; se lo presté a mi vecina la Cacharros.
-Transexual, mi rubia…
-Ay… ni de broma; una cosa es que quiera saber como sabe la fama sin hacer nada y, otra muy distinta, es que trasiegue con el sexo. Luigi que yo soy muy casta; no digo pura porque sigo fielmente los cánones de la moda y las puras no se llevan…
-¿De qué me estás hablando, Lola?
-Y yo qué sé, Luigi… ¿Debo estar obligada a saber siempre lo que digo? Pues no… Mira los políticos, ¿analizan lo que dicen? Les daría un infarto, si lo hicieran, y se morirían todos y, entonces, ¿de qué iban a hablar los periodistas?, ¿eh? Dime…, Habla… Además, los artistas somos etéreos, como la poesía.
-Sí, Lola… No hay que negarte que eres una artista en las ensaladas verbales…Ay…
-Pues sí, Luigi, lo soy y, por cierto, te dejo. Voy a peinarme para ir a la tintorería por si quiere Marisa un autógrafo mío; se me olvidó ofrecérselo.
-¿A esta hora, Lola? Es medianoche, ¿no es un poco tarde?
-O pronto, según se mire, Luigi. Tú sigue soñando con tu mar de pelos, que yo voy a ver como remato mi sueño.

-Luigi… Disculpa una cosita más…
-¿Qué?
-¿Sabes quién es MªÁngeles Cantalapiedra?
-Una solemne mentirosa… Adiós, Lola
-Si ya lo decía yo, Luigi, los escritores son todos unos fantasmas travestidos.
PD. Dedicado a Marisa, mi primera fan anónima... Gracias.

1 comentario:

Cati Cobas dijo...

Yo, tu admiradora "number one" te vaticino que no comerás tortilla de patatas hasta el fin de tus días, y que tus Lolas harán, alguna vez, las delicias de la tele en el mundo mundial si de una vez te contactás con una actriz monologuista como la gente.
No pude ponerte el contador todavía, pero ya lo haré. Besos de Cati