lunes, octubre 08, 2007

LOLA Y LOS NEUROPÉPTIDOS DE PEPE


-Lola, tengo hambre...
-Pepe, comer no es sano; mira a dónde te ha llevado la comida. Te sugiero que bebas agua, llena una barbaridad.
-Vale, lo que tú digas, Lola.
-Qué maravilla, Lola, tienes domesticado a Pepe.
-¿Domesticado, dices Mari Pili? Es indomable... A mí sí que me tiene poseída.
¿Poseída túuuu? Si haces lo que te da la gana. Con esa cara que pones de no estar en tus cabales, vas por el mundo indómita. Yo, desde luego, ahora mismo le voy a hacer un bizcochito de naranja; Lola fíjate: se le está poniendo cara de alucinado.
-Monchita, que es una pose para dar pena.
-Pues a mí me la da y mucha. Y que sepas Lola que mi máquina infernal hace bollos sin calorías ni colesterol. Pobre hombre, miradle que cara de lechuga desnatada tiene... Lola no tienes corazón.
-Ni tú sesos, Monchita... ¿Desde cuándo hay huevos desnatados?
-Lola, no tolero que me insultes; te lo voy a demostrar ahora mismo.
-No te enfades. Haz el bollo, nos lo comemos y, si vemos que no pesa en el estómago, le damos a probar un poquito.
-Lola, tengo hambre...
-Pepe no me seas pesado; debes aprender a adelgazar el carácter.
-Vale, lo que tú digas Lola.
-Es fascinante tener un marido que no bala... ¿Cómo lo has hecho?
-Neutralizando el neuropéptido, Pichu; cosas de los americanos de América.
-Qué avanzada eres en el tiempo, Lola. ¿Y cómo puedo yo machacar el neuropéptido de Paquito? Mi Paquito lo tiene muy desarrollado... Bueno, tiene desarrollado todo tanto, que habría que neutralizarle entero.
-Lola, ¿Pepe está a régimen de carácter o de cuerpo?
-De todo, Pichu. Las hormonas iban y venían a su libre albedrío, lo que le hacía incandescente y proclive a desarrollar, por lo tanto, todo mucho. Había que noquearle dándole un derechazo y una vez que estuviera sin la hormona maligna, perseverar en el objetivo. ¿Me comprendéis?
-Ni papa, Lola, no te hemos entendido nada.
-¿Le has deshormonado, Lola?
-A mí me ha sonado a un combate de boxeo... Me empieza a dar pena Pepe... Le voy a hacer unas natillas, pobrecillo...¡Ah! y un rabito de toro, que le gusta mucho.
-Pichu te corto las manos. Claro, como tú tienes un marido gimnástico, no comprendes a las que tenemos un marido bola.
-Lola, tengo hambre...
-Miradle, qué lastima. Toma Pepe un cigarrillo.
-¿Qué haces Mari Pili? Pepe no fuma.
-Pobre Pepe, no de nada... Nada de no.
-Lola, ¿se le pueden volver a colocar los neuropéptidos en su sitio?
-Si se lo volvemos a instalar, le excita el cerebro y vuelve a comer como respuesta a la tensión; lo mejor, hacedme caso, es tener un marido des..., des total.
-Ay, yo nada más que llegue a casa, le abro el cerebro a Paquito y le quito los cientos de neuropéptidos que tiene flotando... Me has convencido, Lola. Prefiero una seta por marido, que a un toro por esposo.
-Tengo hambre, Lola...
-Lo sentimos, Pepe, pero no hay comida, ni siquiera mi estupendo bollo a naranja.
-Vale, Monchita; lo que tú digas.
-Qué lástima de hombre... Ven Pepe, toma, toma una tapita jamón; mejor, te preparo un bocadillo... ¿Qué, está bueno?
-Humm..., buenísimo. Gracias Pichu... Looooooooola...
-Dime, Pepe mío...- cuando pesque a Pichu, le pongo la coleta mirando a Murcia.

2 comentarios:

Mónica...Cine Cuentos. dijo...

Hola Lola, me has hecho reir... pepe un santo...

Es mi primera visita a este blog, ya visité el otro... te aseguro que volveré.. muy bueno lo que escribiste. Bsss.

blumun dijo...

Hola Lola, al menos una sonrrisa se me ha escapado. Gracias.
Volveré, que dijo la otra.
Besos